Los parques infantiles son un elemento que muchas veces queda bastante desamparado en cuanto a cubrir su presupuesto, tanto de construcción como de mantenimiento, por parte de nuestras autoridades. Los ayuntamientos con poblaciones escasas dependen en gran medida de las subvenciones autonómicas y estatales para acometer su elaboración, y las grandes no suelen destinar una parte suficiente para cubrir las necesidades reales de la población. El resultado de todo esto es que la distribución de los parques infantiles en nuestro país es muy errática y desigual, en algunas localidades sí que se han alcanzado unas infraestructuras adecuadas y en otras no se alcanzan los mínimos exigibles, que son en realidad la amplia mayoría.

Así son frecuentes los casos como el de la población de Oleiros, en el que incluso el alcalde de la población ha criticado el exiguo equipamiento del parque infantil habilitado por la Xunta de Galicia en esta población. Afortunadamente en otras poblaciones sí que se ha conseguido dotar de una red suficiente de zonas de recreo infantil para alegría y orgullo de sus conciudadanos, como es el caso de la población de Rincón de la Victoria, en que el propio municipio ha invertido ha invertido doscientos mil euros en el último trienio. El problema de fondo, además de una legislación confusa y de no obligado cumplimiento en algunos casos, es la escasa consideración que se tiene hacia las zonas de recreo y parques infantiles que son emplazados habitualmente como poco prioritarios con respecto a otras partidas presupuestarias de muy discutible importancia, como son las infraestructuras viarias por ejemplo, que en nuestro país son a todas luces excesivas con respecto a nuestras necesidades reales.